Existen varias versiones sobre el origen del sidecar pero la mas fuerte es la que establece como inventora a la compañía inglesa OAKLEIGH MOTOR COMPANY a principios del 1900 y que en ese entonces sus inventores aprovecharon un viejo remolque abandonado que había en el almacén.

También existe otra versión de parte de los franceses, quienes sostienen, que el sidecar tuvo sus orígenes en el año 1893, gracias a un concurso convocado en ese entonces por un famoso periódico francés, concurso que ganó el suboficial Bertoux, quien propuso la implementación de una tercera rueda paralela a la posterior de la moto y con un asiento suplementario colocado en la barra que las uniera y se sostuviera.

El sidecar obtuvo un éxito inmediato porque el pasajero no estaba obligado, como en el remolque de los ingleses, literalmente a “tragarse” todo el humo del tubo de escape y ni hablar del polvo.

La Primera Guerra Mundial aceleró notablemente el desarrollo del sidecar, debido a que era muy factible acomodar a un francotirador o a un soldado que sirviera de refuerzo.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial el sidecar adquirió de nuevo preponderancia militar: los alemanes con Zun Dapp y BMW, los italianos con la “Gilera Marte”, los americanos con las Indian y Harley Davidson y los ingleses con las BSA y las Norton, emplearon el sidecar en todos los frentes.

En el campo deportivo, el sidecar también se encuentra presente, ya que desde un principio fue utilizado para carreras de circuito, enduro o en campo abierto. En los primeros años el sidecar de carreras era parecido o prácticamente igual al utilizado para labores turísticas, pero poco tiempo después se fueron adaptando para los diferentes usos y gustos.

El sidecar fue durante mucho tiempo un gran símbolo de poder económico, pero con el paso del tiempo fue perdiendo presencia en el mundo de las dos ruedas debido a todos los cambios tantos aerodinámicos, de confort y de la parte mecánica que se fueron presentado a medida que pasaba el tiempo.

Hoy solo los nostálgicos y algunos coleccionistas mantienen vivo el espíritu de los clásicos sidecar con un cierto aire de tristeza. Cuentan que cada vez que montan su sidecar, los lleva de regreso a los años 50, cuando estos estaban de moda y rodaban por todas las calles con todo su esplendor; además quien aún conserva algún ejemplar de estos, asegura que darían toda su fortuna por regresar a aquellos tiempos.



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